La verdad

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El retorno de un clasico primavero-vereaniego : Aitor

Tenia que llegar. El publico reclamaba a su heroe soleado.

Dios mediante y a las 18 de la tarde de hace dos fines de semana, Aitor se enfundaba su traje de gala y asiendo su raqueta volvia a la pista numero 6 de Parque Azul para reclamar el trono padel-tenistico que en su momento obtuvo.

Al grito de ” qué bruto eres”, pronto se puso en el camino de la victoria y superó en un gran partido de dobles a la pareja de turno.

Esto no ha hecho mas que empezar. Él ya está aqui.

AITOR IS BACK!

Irene

Tenia prisa. Iba rápido y sentia las cosas tan intensas que se desvanecían cuando aún no había tenido tiempo de ponerles nombre.

Irene lo sabe bien. La conocí en uno de esos chats donde nos ponen en un escaparate infinito, con toda clase de detalles, hasta un slogan para atraer clientela. Ella estaba de las primeras de la clase, en una foto de primer plano que, la verdad, no le hacía demasiada justicia.

tumblr_lk9is22aiz1qclwiwo1_500Era rubia, (mal) teñida, de pelo corto, con esas raices que gritan “tápame ya”. De estatura standar, estaba entrada en carnes, como me gustan.  Pequeña nariz aguileña, boca de grandes labios y ojos curiosos, hablamos intentando normalizar una forma de conocernos que era rara para los dos.

Congeniamos rápido, seguramente yo ayudado por una foto donde se marcaban unos pechos 95C que no dejaban indiferente, y ella ayudada por mi perseverancia y mis ganas de conocer al “amor de mi vida”. Ahora lo pienso y veo lo cabrón que fuí, pero creo que en el momento lo pensaba realmente.Tenía ganas de tener alguien al lado, a toda costa.

Quería fabricar recuerdos, sentimientos, acciones, historias enlatadas en poco tiempo, muy poco tiempo. Y asi lo unico que conseguí es, mas que acelerar las cosas, empujarlas.

El primer encuentro fue bien. No genial: bien. Quedamos en un centro comercial a las afueras de Madrid, por aquello de que hay mucha gente y al final centrarnos tanto en nosotros mismos no podía ser bueno. La primera impresión fue buena, muy buena. Ella sabia de mi predilección por su generoso pecho y se puso un escote de los de escalar con piolet y yo, pobre de mi, sucumbí a sus encantos dejándome ver mirando sus pechos en varias ocasiones.

Creo que yo tampoco le resulté atractivo por su lenguaje corporal. Eso de que te toquen para cualquier cosa, el hombro, las manos, te miren a los ojos, sonrían sin parar es óbice de haberle caido mas que bien a alguien. Quizás aún no para invitarla a tu casa, pero el camino estaba allí delante y tenía ganas de empezar a correr.

Tomamos un café con vergüenza y sacarina e intercambiamos risas, sonrisas y hasta alguna conversacion mordaz. A ella le encantaba controlar. Venía de una familia desmembrada y había tenido que tomar el timón de su casa cuando aún era demasiado joven. En su trabajo tenía mucha libertad y mando. Era buena, se le notaba. Esa seguridad en si misma, desdoblando un interior frágil, me excitaba. La imaginaba ,mientras tomabamos el café y me hablaba de alguno de sus compañeros, tumbada en la cama tratando de ordenar en su cubiculo y yo haciendo caso a sus ordenes.

¿ Me escuchas? ¿Ves? ¡No me haces caso! — Dijo mientras sonreia. Me dio tiempo a darme cuenta cuánto me gustaban sus labios. Me recordaban a los chicles de fresa ácida.

-¡Claro que te escucho mujer! — respondí pensando si decirle en qué pensaba.

– ¿Quieres que vayamos a dar un paseo? — diluí mi mente.

Hablaba. Nerviosamente pero con un punto de naturalidad que me daba la sensación de familiar. Teniamos muchas cosas en común, compartiamos gustos ligeros y bases de vida. Aunque tuviera un horrendo gusto por la música (escuchaba Camela en la intimidad), en lo “importante” teniamos bastante que ver.

Nos despedimos despúes de 2 cafes y un largo paseo a lo largo del estanque. Fue una bella postal pre-navideña que me dejó un buen sabor de boca. Me meti en la cama pensando en la próxima vez que nos veriamos: habiamos hablado de aquel fin de semana.

Y aquellas sonrisas sonaban a besos, a manos.

21 gramos

Hay cosas para las que no tengo respuesta, Carlos.

¿A qué te refieres?

¿Porqué estas ahí parado, mirandome?

No me respondas con una pregunta.

Pasó. ¿Qué quieres que te diga? A veces hacemos cosas de las que no estamos muy orgullosos. Estaba perfectamente lucida, pero perdí el alma.

¿Que perdiste el alma?¿Qué coño quiere decir eso?

Te perdí, no pensé en ti. Pensé en mi disfrute, en lo que yo quería en aquel momento. Me fui a lo mas racional, a lo que necesitaba en aquel momento sin pensar si podia hacerte daño. Y la cagué.

¿Sabes que nunca voy a entenderlo, verdad?

Desde el primer momento en que pensé en decirtelo — respondió asintiendo.

¿Y porqué me lo cuentas? ¡Joder! ¿No te lo podrías haber callado? No, mierda no, no quería decir eso. Pero no se qué pensar. No puedo reparar esto, y lo intento.

Lo siento, Carlos. Lo siento de verdad, jamás quise hacerte daño — dijo dándose la vuelta.

Hazme un favor: vete a la mierda. No me digas que estabas lucida y que no querías hacerme daño. ¿Que crees que soy? ¿ Un pedazo de plástico insensible?

Dime qué puedo hacer. ¡Dímelo! Siempre había estado en el otro lado de la historia. Lo estás hasta que te pasa y no puedes evitarlo.¿No te sirve que te lo haya contado?

Te abofetearia, Carla. ¿Sabes lo que es sentir que cada puto trozo de ti se pierde por la alcantarilla? ¿Cómo notas que ,cada día desde que lo sabes, cada uno de los veintiún gramos se pierden y eres incapaz de soltar una palabra de pena por ti mismo? ¿ Sabes lo que es que el jodido suelo sea tu horizonte? No entiendes una mierda, cariño. Y menos sabiendo que ya habías estando en esta historia en el rol que estoy yo ahora. No me mereces coño, no me mereces.

Lo siento.

Cierra la puerta cuando salgas, Carla. Y clausura tu alma.

Mary

Apenas se tenía en pie.

-¡Llévame a la cama y hazme el amor, Hank! — decía con los ojos medio cerrados mientras intentaba desprenderse de su ropa en el sofá.

– Esta noche te quedas a dormir aqui, Mary. No tengo fuerzas ni ganas de llevarte. — dije mientras movía la botella de Jim Beam fuera de su alcance.

– Pero Hank, ¡Hank! ¡Yo te quiero! Quédate aquí conmigo.

Me senté a su lado y apagué la lampara de pie que hacía que su frente brillara mientras la acariciaba. Mary murmuraba  algo con los ojos cada vez mas cerrados.

– No me dejes, Hank, no me dedes. — Giró la cabeza y cayó rendida.

No dejaba de mirarla. Mary tenía aspecto rudo, blanca de piel y con las facciones marcadas. De pelo moreno largo y grandes pechos, sus caderas prominentes la hacían bailar mientras caminaba. Tenía un culo de los que me gustan: grande y prieto.

La toqué. Me apetecía palpar su piel mientras dormía. Intentaba deshacerme de la niebla que me habian producido los cuatro whiskys que me bebí hacía poco.

Acariciando sus hombros empezaron a ponerse duros sus pezones.

No podía quitar los ojos de aquella forma redondeada que traspasaba su camisa y su sujetador. No la había visto nunca desnuda pero imaginaba aquellos grandes pechos en mis manos, en mi boca. Y su pecho no fue lo unico que se puso duro.

Seguí tocando el cuerpo de Mary sin dejar de mirar aquellos botones que me hipnotizaban… baje a sus caderas acariciando y apartando levemente su blusa , que dejó ver su ropa interior. Aquello me excitó aún mas y noté como mi miembro crecía dentro de mis pantalones.

Allí sentado delante suyo, tocándola medio borracho, me sentí inocente de toda culpa.

Y me la saqué y empecé a tocarme mientras seguía tocandola, acariciando aquellos pezones duros, apretandolos entre mis dedos, mientras Mary gemía en sueños, incapaz de despertarse tras la borrachera.

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No podía parar. Mis dedos corrian arriba y abajo de su cuerpo, mientras me masturbaba rapidamente y gemía con ella, aunque no fuera de la misma manera…

Conseguí abrir aquella blusa y lanzar aquellos pechos fuera del sujetador. No podía más, me tocaba y los tocaba y notaba que iba a estallar.

Mojé aquellos pezones con todo mi fluido, que se iba desparramando y mojando su ropa, hasta parte del sofá.

Me limpié mientras recordaba su cuerpo, sus pechos, esas bragas asomando por su pantalón.

…..

Me pasé toda la noche, medio borracho y limpiando la blusa de Mary y su sujetador.

– Buenos dias cariño.

– Buenos días Mary. ¿Cómo estás hoy? — le dije.

– Bien. ¿Que pasó con mi ropa? Me he levantado medio desnuda del sofá. ¿No debía hacer nada de lo que tenga que avergonzarme? — preguntó intentando sentarse.

Pensé que el que tenia que avergonzarse era yo. Pensé incluso en follar con ella allí, medio desnuda y resacosa.

– ¿Quieres café? Creo que lo necesitas. Ayer fue una noche larga.  — respondí mientras pensaba que la mañana iba a ser aún más larga para mi.

A destiempo

Ella bajaba sus bragas siempre que el queria entrar en su cabeza.

El abría su corazón cuando ella abría sus piernas.

Y mientras los dos discurrian

la vida pasaba bajo sus ganas.

mujer recostada al pie d cama

Ella engullía deseo

El anhelaba su alma

Ella fumaba en silencio

El miraba sus espaldas

 

A destiempo.